ACTAS DE LAS V JORNADAS SOBRE PIRATERÍA Y CORSARISMO EN EL MEDITERRÁNEO.
Cartagena Octubre 1999.
Edita:
AFORCA con la colaboración de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena.
Distribuye:
Editorial Áglaya.
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30395 CARTAGENA.
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Prólogo de la obra
El pan nuestro de cada día era el "abalot" (moros en la costa, velas enemigas en la costa), toque de rebato que anunciaba la presencia de velas enemigas en el horizonte, convocando a los defensores a los puntos de reunión preestablecidos, y que advertía a los que no tomaban parte activa en la defensa para que se pusieran a buen recaudo al seguro amparo de los muros de las fortalezas o de las iglesias fortificadas y torres de refugio.
Eduardo J. Posadas
Estos acontecimientos que los sitúa el autor en la isla de Ibiza, ocurrían en todo el Mediterráneo. En las costas españolas se intensificaron después de la reconquista de Granada, cuando desaparece la frontera terrestre, y solo queda la frontera marítima. A partir de este acontecimiento las cabalgadas fronterizas se cambian por los ataques de piratas y corsos, generalmente del Norte de África.
El Mediterráneo, "mar inquieto e inquietante", siempre fue escenario para las actuaciones de la piratería que se inician con los orígenes de la navegación, para atacar las presas que ofrecía el tráfico fenicio, principalmente conseguir prisioneros para la obtención de rescates. Para poder combatir las acciones piratas surge el corso que trataba de luchar contra el pirata y, por otra parte, atacar barcos mercantes de países enemigos. El pirata, según Ramiro Feijoo: "es un hombre que no se somete a ninguna regla, que no respeta bandera y cuyo fin no es otra que el enriquecimiento propio y de los suyos mediante el bandidaje marítimo. Es la anarquía expresada en actos". Los corsarios actuaban amparados por la "patente de corso" que de forma contractual les concedían algún estado, gobierno o autoridad, y que les permitían atacar a las naves, puertos y costas del enemigo.
A medida que progresaron las embarcaciones, las necesidades de los buques y de sus tripulaciones aumenta y, ya no será fácil la aventura de la piratería, o al menos queda muy reducida. Por el contrario aumentan las acciones de la piratería, protagonizados por los corsarios, que atacaban al enemigo sin declaración de guerra. Fue el corso la primera forma de guerra marítima.
Resulta difícil determinar dónde acaba la piratería y dónde empieza el corsarismo. El pirata es un individuo considerado como corsario por sus compatriotas y pirata por sus enemigos. Lo cierto es que sus ataques a puertos y costas crean una gran inseguridad en las costas, obligando a fortificados para asegurar el resguardo de los buques, de los habitantes y de los pescadores del litoral. Generalmente en las zonas no fortificadas. En esta situación resultaba difícil lograr el asentamiento humano en las zonas del litoral no fortificadas.
Estas son las razones de la construcción de torres vigías y defensivas, así como el resto de fortificaciones, en las riveras marítimas. En AFORCA, que tanto nos preocupa el estudio y conservación de las fortificaciones, nace la idea de tratar este tema, de la piratería y el corsarismo, dentro de sus habituales jornadas, concretamente en estas V JORNADAS. Creemos haber interesado no solo a los cinco ponentes y dieciséis comunicaciones, que figuran en estas actas que con grandes dificultades, esfuerzos y retraso hemos logrado publicar.
El Alcaide de Aforca
Aureliano Gómez Vizcaíno


